Hoy cumple Paula dos añitos. Ese bebe de ojos
enormes, que me entregaron en el quirófano donde yo tiritaba de frio( y creo
que también de miedo) se ha convertido en una niña “mayor”, que se hace
entender, que quiere comer sola, que tiene cierta independencia…todo en
veinticuatro meses. También sigue siendo el bebé que llora por las noches, que
está indefensa cuando no encuentra el chupete en la oscuridad de la habitación
y que se queda hecha un trapito con los subidones de fiebre.
Dicen que en esta etapa, los bebés (o niños,
no sé cuándo empiezan a serlo) solo saben decir no, son rebeldes y tienen
pataletas casi por cualquier cosa….vale, en mi caso se cumple desde hace por lo
menos seis meses, tampoco es para tanto. Como me dijo un día un amigo: “niño
chico problema chico, niño grande problema grande”
Para una madre primeriza como yo, que
pretende desoír consejos ajenos, profesionales o no, sobre la educación, hay
algo que es fundamental y siempre funciona: el cariño. Ahora que mi hija se
deja, aprovecho cada oportunidad de besarla, abrazarla, achucharla…y disfruto
al máximo de esos momentos, que se que tanto echaré de menos cuando sea “mayor”
de verdad. Cuando en vez de pedir continuamente “mamá mano””mamá brazos” “mamá
aquí”, quizá se avergüence un poquito de ir conmigo por la calle y que la vean
sus amigos, y quizá también me de besos solo por los cumpleaños y ocasiones
especiales… me estoy mentalizando. Voy a guardar en una caja todos esos abrazos
espontáneos, esos besos pegajosos y sonoros, esas risas cada vez que hago una
chorrada solo por verla sonreir…la voy a cerrar con llave para que nada se
escape, por si algún día me hace falta abrirla un poquito y coger fuerzas.
Desde que he sido madre, hay algo a lo que
tengo auténtico pavor “La adolescencia”…ufff estoy ya anticipando esa etapa que
sí que me parece terrible de verdad. El que creó el término “terrible two”
seguro que no había pasado todavía por esta época con sus hijos ni recordaba la
suya propia…
Cuando mi hija me mira desafiante al pedirle
que recoja sus juguetes o si le regaño por romper un cuento, veo en esos ojos
lo que me espera dentro de diez años, cuando el motivo de la disputa sea la
hora de llegada, las malas notas o la ropa que se pone para salir…
Si por algo he compadecido a mis padres desde
que soy madre, es por esa “terrible adolescencia”…solo recordandolo me sonrojo
(también cuando veo en el autobús pandillas de quinceañeros con voces chillonas
y risa floja) y pido que Paula se salte esa etapa, o que, cuando llegue el
momento haya otras cosas que me parezcan realmente peores.
Mientras llega ese día, hija, te diré que
necesito tiempo.Asi que, por favor, crece muy despacito, que necesito llenar más esa caja.
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